Cambia, todo cambia

Cambia, todo cambia

Desde los budistas hasta los filósofos griegos hay acuerdo en que si hay algo permanente es el cambio. Y esto también cuenta para las empresas, organizaciones que pasan por cambios en la estructura, cambios en los servicios o productos, cambios para adaptarse a contextos que… cambian.

Las empresas están formadas por personas. Y las personas (¿se imaginan qué viene?) cambian. Pueden ser cambios repentinos o que se incuban con el tiempo. Animarse a algo que se venía postergando, dar lugar a una vocación, modificar un hábito, juntarse, separarse, amoldarse a una ausencia, hacer amigos nuevos, dejar de ver a otros. En fin, a las personas les suceden cosas o las generan, y muchas veces tienen que ver con los cambios.
En la relación entre la persona y la empresa también hay cambios: de entrar y ser el nuevo a formar parte del elenco estable, el pase a otro sector, un jefe nuevo, un compañero que aparece para hacer la vida laboral más fácil o más difícil, un cambio de jerarquía, un retiro voluntario, la jubilación o el temido “gracias por los servicios prestados”. Por voluntad propia o ajena, las personas encaran cambios en su vinculación con la empresa.

Mercedes Korin; columna en el sitio de negocios El Punto de Equilibrio, 15 de junio de 2015.

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